domingo, 4 de noviembre de 2012

Ya sabe que si no va al límite se vuelve un equipo del montón



Algo de fútbol debe de saber Manolo Salvador, el director deportivo del Levante, cuando hace un par de veranos, para sorpresa de propios y extraños, eligió como entrenador del conjunto granota a un neófito en Primera división y perfecto desconocido para el gran público como Juan Ignacio Martínez. Como no tenía dinero para más, le puso a su disposición una plantilla repleta de futbolistas veteranos y de perfil bajo, hasta el punto de que muchos de ellos eran desechos de otros clubes. Una cosa es que el resto no los quisiera y otra bien distinta es que no sirvieran. Pues sí, sirvieron. ¡Vaya si sirvieron! Entre todos, cuestionando las máximas que rigen el fútbol del más alto nivel a base de humildad, casta, motivación, orden y claridad de ideas, completaron una memorable temporada que culminó con la clasificación para la Liga Europa. Ahora, en algún lugar de la casa de Juan Ignacio Martínez, al que ya llaman por sus iniciales, JIM, luce el trofeo que lo reconoce como el mejor entrenador del curso pasado en el fútbol español, mientras que tipos como Munúa, Ballesteros, Juanfran, Barkero o Juanlu, a los que la mayoría veían en su ocaso, son gente respetada. Las vueltas que da la vida.

Este Levante es, sin duda, digno de elogio. Desde luego, su fútbol no enamora a los que sólo reconocen la espectacularidad del juego ofensivo, pero la solidez que transmite su sistema y el portentoso contragolpe que ejecutan —imposible olvidar la lección magistral que a finales de la campaña anterior dieron en Nervión sobre cómo ha de jugarse a la contra— lo convierten en un caso digno de admiración y estudio. Si el año pasado aguantaron en la parte alta de la clasificación para asombro de todo el mundo (¿quién no dijo: «El Levante, antes o después, empezará a perder»?), esta temporada, de momento, no está acusando el hecho de compaginar tres competiciones. Ahí arriba está otra vez el segundo equipo de Valencia, sexto clasificado con 16 puntos y, posiblemente, en su mejor momento desde que arrancara el nuevo Campeonato, pues sus últimos tres encuentros ligueros los ha saldado con otras tantas victorias: 1-0 al Valencia, 0-1 al Getafe y 3-1 al Granada.

Sobra decir, por tanto, que se las trae el partido que el Sevilla debe sacar adelante esta noche en su propio estadio. Prueba muy exigente para un equipo, el de Míchel, que, si bien es cierto que está mostrándose muy fiable como local, viene de completar dos decepcionantes actuaciones frente a dos rivales teóricamente inferiores como el Zaragoza y el Español. Los sevillistas se han demostrado a sí mismos que tan pronto como bajan un punto la intensidad de su juego se convierten en un equipo más, plano y endeble en defensa, por lo que esta noche no le queda otra que correr y morder sin descanso para hacer sufrir a un Levante rebosante de oficio.

Las lesiones de Manu del Moral y Perotti, unidas a la de Trochowski, dejan en cuadro el flanco izquierdo del ataque sevillista. Todo hace indicar que Luna volverá a ocupar esa demarcación, por lo que, en principio, Reyes, que el jueves mostró más ganas que lucidez con el balón, iniciará el encuentro en el banquillo. La ausencia de Botía mantendrá a Fazio en la titularidad, compartiendo el centro de la zaga con Spahic, quien ha entrado en la convocatoria de 19 futbolistas pese a las molestias que ha venido arrastrando en las últimas fechas. Maduro volverá al doble pivote en la medular para apoyar a Medel y Palop recuperará el control de la portería.

El Levante arriba hoy mismo a Sevilla con las bajas de los lesionados Gekas y El Zhar. Quien sí estará es la principal amenaza del cuadro granota, el nigeriano Obafemi Martins, quien a base de goles (cuatro tantos en cinco partidos) está haciendo olvidar a Arouna Koné. Empezada ya la Liga, llegó libre después de desvincularse del Rubin Kazán. Otro mirlo blanco que Manolo Salvador trajo para los suyos. Son las cosas que pasan cuando se hace bien el trabajo.

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