martes, 27 de noviembre de 2012
Ganas en casa y pierdes fuera
No hace falta ser un gran matemático para confirmar, con los números encima de la mesa, que el Sevilla de Míchel se atasca cada vez que juega fuera de casa y que no es capaz de mostrar la misma seguridad que en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán. Perdió en Vigo, en Zaragoza, en Bilbao y en Madrid (en el Vicente Calderón) y sólo pudo empatar en Granada y Vallecas. La única victoria data del 24 de septiembre, en La Coruña (0-2). Recapitulando, sólo ha sumado cinco puntos de 21, una cifra irrisoria para un equipo que se ha marcado el volver a Europa como gran objetivo de la temporada. Mucho se está hablando de los problemas del equipo de Míchel por errores defensivos, por faltas de concentración, por una actitud equivocada... y a buen seguro que todos ellos están afectando en una medida o en otra en el devenir del equipo, pero lo que más llama la atención es que la gran mayoría se repitan una y otra vez lejos de Nervión.
Desde que ascendió a la máxima categoría, sólo en la campaña 2007-08 tuvo peores resultados como visitante (a estas alturas). Entonces sólo había sumado cuatro puntos tras siete duelos en los estadios de los rivales. También en la 2002-03 y en la 2004-05 consiguió cinco puntos tras disputarse siete jornadas en los estadios de sus adversarios. Por el contrario, la temporada que más puntos obtuvo tras la disputa de un tercio de campeonato y lejos de Nervión fue en la 2009-10, con 12 puntos en sólo seis encuentros.
Además, no deja de ser curioso que el Sevilla haya obtenido este año casi el triple de los puntos, concretamente trece, en su estadio cuando ha jugado un partido menos que como visitante. Todo ello está preocupando en demasía a su entrenador, Míchel, que no entiende las causas de que el equipo dé un paso atrás cada vez que juega fuera. El mejor partido que disputó, además del de La Coruña, fue en Vallecas, y allí no se pasó del empate. Si bien es cierto que se fallaron dos penaltis (Negredo y Rakitic), este encuentro puede servir de punto de referencia de lo que debería ser el Sevilla como visitante: llevar el control del partido y mostrar máxima intensidad, no lo que se vio después en estadios como Balaídos, La Romareda, San Mamés o el Vicente Calderón.
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