Genial en los terrenos de juego, donde exhibe una potencia y un talento extraordinarios para la práctica del fútbol, Cristiano Ronaldo es el típico personaje público que, por su controvertida forma de ser, no deja a nadie indiferente. Te gusta o lo detestas; no hay término medio. El último capítulo en su extenso expediente de actos llamativos lo protagonizó hace quince días, cuando dijo sentirse «triste» y sin el cariño de quienes forman el Real Madrid.
Parece que el origen de tan criticable pataleta reside en la negativa de Florentino Pérez a aceptar la mareante oferta que un multimillonario equipo de una liga de segundo o tercer orden hizo por el portugués, al que le ponían encima de la mesa un contrato repleto de ceros a la derecha. El presidente blanco rechazó la operación y él, enfadado y contrariado porque tampoco lo renuevan, decidió no celebrar los dos goles que le marcó al Granada en el Bernabéu. Quizá no lea los periódicos y no sea realmente consciente de cuál es la verdadera realidad de quienes lo tienen como ejemplo.
Casualidad o no, tan llamativas declaraciones las realizó justo después de que Andrés Iniesta fuera elegido como el mejor jugador de la pasada edición de la Liga de Campeones, galardón al que él también aspiraba. Quiere ser siempre el gran protagonista. No admite estar en un segundo plano, actitud que, incluso, ha propiciado diversos enfrentamientos con sus compañeros en el vestuario blanco. «Si yo tuviera sus condiciones futbolísticas no estaría triste», señaló el entrenador del Sevilla, Míchel, ayer al mediodía, tan sólo unas horas antes de que su homólogo madridista, José Mourinho, también compareciera ante los medios de comunicación para salir en defensa de su futbolista más determinante: «Si está triste y juega como juega, perfecto. No tengo que preocuparme con unas cosas que son suplementarias. Ahora, necesita paz y jugar al fútbol, que es lo que más le gusta hacer».
Sobra decir que todas las cámaras que se instalen esta noche en el Sánchez-Pizjuán lo enfocarán sin descanso. No habrá un solo gesto suyo que pase desapercibido, que no sea captado desde diversos ángulos. Este circo, guste o no, vive de este tipo de espectáculos, y él es el gran reclamo. Mientras no se demuestre lo contrario en el transcurso del choque, Cristiano Ronaldo acaparará toda la atención. Es la situación que más le motiva, la que lo convierte aún en más peligroso.
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